Existen en los Continentes europeo y asiático dos clases de roedores:
Los Ratoncillos de la Pradera y los
Ratoncillos del Pantano. Y cabe interrumpir la presentación de estos ejemplares de la naturaleza, para imaginar la pradera como un lugar hermoso, apto para la belleza, para la vida y para el amor, mientras el pantano podría representar suciedad, descuido, desorden… Esto lo digo porque me ha parecido muy curioso que los Ratoncillos de la Pradera sean, algo así como los dignos exponentes de la
Monogamia Imperturbable del mundo, mientras los Ratoncillos del Pantano se constituyan en exactamente lo contrario: son promiscuos, desentendidos del cuidado de la progenie (descendencia) y, para rematar, inmediatamente después de asegurar la fecundación de su pareja, buscan su reemplazo hasta convertirse en expertos pero “irresponsables” procreadores.
Supongo yo, que la mayoría de las damas que leen este artículo, prefieren el comportamiento de su pareja al mejor estilo de los irreprochables Ratoncillos de la Pradera. Pero, lamentablemente, para algunas de ellas, su ilusión sería la de conseguir que el comportamiento de sus maridos, al peor estilo de los Ratoncillos del Pantano, pudiera revertirse, científica o mágicamente, al de los ejemplares de la Pradera.
Pues bien, una científica de la Universidad de Emory, en Atlanta (USA), llamada Miranda Lim, interesada en los ratoncillos, ha logrado transformar la promiscuidad de los habitantes del Pantano, en la Fidelidad de los de la Pradera, a través del sometimiento de los “irresponsables” ratoncillos, al contagio de un virus… ¿Para ser leal en una relación (al menos de ratoncillos) se debe estar infectado? El hecho es, que al virus procesado genéticamente en un laboratorio se le agregó en su DNA un gen del Ratoncillo de la Pradera, del que carece el ágil Casanova del Pantano y que le fue inyectado en su cerebro para convertirlo en monógamo. Amigas: ¡tranquilas! No se hagan ilusiones: estos experimentos no se han hecho con humanos (al menos públicamente), sólo con los Ratoncillos del Pantano.
Ahora bien, algunos profesionales de las Ciencias Naturales, afirman sin ambages, que el amor humano es pura Física y Química. Por ejemplo, los humanos que se comportan como Ratoncillos de la Pradera, ¿por qué se enamoran de una persona y no de otra? Al parecer, dicen los expertos, que antes de fijarse alguien en una persona, ya existe un mapa mental (creado desde los cinco años de edad), una ideal que se traduce en una compleja red de circuitos cerebrales que determinarán la escogencia de pareja y que termina siendo influenciada por el medio social y su experiencia de vida. De esta forma, cuando aparece el “amor” se generan estallidos emocionales en forma de descargas eléctricas a nivel neuronal acompañadas de la participación hormonal y de otras sustancias químicas, que juntas descontrolan la vida del enamorado: a través del Sistema Nervioso se le ordenan a las Glándulas Suprarrenales el incremento en la producción de Adrenalina y Noradrenalina, aumentando los latidos del corazón, la presión arterial sistólica, la liberación de grasas y azúcares para elevar la capacidad muscular y se generan más glóbulos rojos para mejorar el transporte de oxígeno, todo esto y mucho más que no estoy en condiciones de explicar, hacen que, por ejemplo, el pensamiento crítico se vea disminuido en la persona enamorada, ocultándose de esta manera, los defectos del amado o de la amada, a pesar de las advertencias que padres y madres hacen al respecto: “¡Es que esta muchacha está como abobada, aturdida, no oye consejos…!” –dicen preocupados, como si se fuera a casar con una especie de Ratoncillo del Pantano, lo cual, sin duda, explicaría la existencia de los aprovechados humanos infieles, para satisfacer los desequilibrios químicos y físicos que produce una enfermedad llamada “amor”.
Para reforzar esta idea, dice Ortega y Gasset que el enamoramiento es una especie de imbecilidad transitoria. Lo peor, es que parece estar comprobado por algunos científicos que esta intoxicación, semejante tal vez a la sufrida por los reformados roedores del Pantano de la Dra. Lim, no puede sostenerse en los humanos por más de dos o tres años y cuando se supera esta etapa, entra en juego la voluntad, el compromiso y los intereses comunes, en el caso de los matrimonios, por ejemplo, se inaugura en ese instante (y no al momento del acto sacramental o notarial) la famosa “Sociedad Conyugal”.
Pero pasando al plano de lo etimológico, de lo religioso y de lo filosófico, la palabra “Amor”, definida por la Real Academia Española de la Lengua como un “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser” y que consideramos como una sola, es una traducción que se hace del griego al español, de varios términos diferentes:
El primero de ellos, agape, de origen Divino: el amor de Dios por su creación. El segundo, eros, el de la intensidad, el deseo, la avidez y el sexo, el que sufren los diferentes Ratoncillos, el de la imbecilidad transitoria de Ortega y Gasset y del que García Márquez expresa: “Te quiero no por quien eres, sino por quien soy cuando estoy contigo”.
El tercero, filios, el amor familiar, el de padres a hijos y el amor entre hermanos. De este, parece desprenderse uno más, el cuarto, el philanthopia, el amor al género humano, al prójimo, ese que se parece más al respeto, a la tolerancia y a no desear el mal ajeno.
Por todo lo anterior, específicamente por la escasez de términos en el castellano para identificar las diferentes clases de amores, terminamos por creer que el amor es sólo uno e igual para todos los casos y para todas las personas hasta suponer que sólo podemos amar a alguien bajo la visión eros, sencillamente porque desconocemos las demás.
Claro, es tan complejo el ser humano, que pretender explicar sus sentimientos, sus sensaciones y todo lo que rodea su imaginario con relación al amor, en una columna de opinión como esta o en cualquier gran tratado científico o filosófico, resulta verdaderamente imposible. Así que anhelo, para terminar, que al menos hayamos podido conocer hoy a dos nuevos amigos: Los Ratoncillos de la Pradera y los Ratoncillos del Pantano.