Sorprendidos nos encontramos durante el día de hoy (Sep. 8/2009) cuando, al leer la respuesta del ICFES -en torno a las reclamaciones del Examen del Concurso de Docentes y Directivos Docentes- de manera serena y tranquila, como si se tratara de un asunto habitual, reconoce errores en el planteamiento de dos de las preguntas de la prueba de Aptitud Numérica, lo cual, a todas luces, debilita la imagen de “infalible” que, con relación a este tipo de exámenes, esta entidad ha querido proyectar en la sociedad colombiana, poniendo de esta manera, en tela de juicio la ejecución tipológica de esta clase de test, donde los docentes se juegan su estabilidad laboral en cuatro horas y media.
El texto, redactado por el Departamento Jurídico del ICFES señala: “Uno de los procesos posteriores a la aplicación de las pruebas consiste en revisar las preguntas reportadas como inconsistentes o dudosas por quienes presentaron el examen, a través del formulario dispuesto para tal fin en cada uno de los salones de aplicación. Si como producto de la revisión de dichas preguntas, se comprueban las inconsistencias reportadas, se procede a la eliminación de las mismas y a su exclusión del proceso de calificación. Para el caso de la prueba aplicada el 5 de julio de 2009, el ICFES eliminó de la calificación las preguntas 39 y 47 de la prueba de aptitud numérica.”
Cabe recordar, que el ICFES, además de los Concursos de Docentes y Directivos Docentes, diseña y aplica las pruebas de todos los procesos “meritocráticos” del país dirigidos por la CNSC, los ECAES de las Universidades, las muy, pero muy, muy, muy desordenadas pruebas SABER y pone en “jaque” año tras año a los bachilleres de todos los colegios colombianos que, con sus resultados, terminan determinando –a juicio del común- los niveles de calidad de las Instituciones Educativas, sin que para ello se tenga en cuenta la “cualidad” de las mismas, seguramente imposible de definir a través de opciones de respuestas a, b, c y d.
Con esta metodología, convertida en un falso paradigma de nuestra época coetánea, y con esos “pequeños errores”, solo me resta decirle al ICFES, en nombre de quienes se han visto afectados por este invento burocrático, que “tiene huevo” y que el proceso de endiosamiento con el cual ha sido engrandecido terminará por desmoronarse, porque una cosa es que una prueba escrita sirva como referencia para marcar tendencias y, otra, que la misma se convierta en juez supremo para determinar el empleo de unos y el desempleo de otros; la calidad de un colegio y la no calidad de otro; el ingreso a las universidades de unos y el impedimento para otros, como si los contextos, los énfasis y la pluridiversidad del país no contara para nada: visto así, en Colombia no existe libertad de trabajo, ni la libertad de elegir su profesión accediendo a una Universidad porque SANTO ICFES todo lo determina, incluso señalando cuáles colegios son buenos y cuáles malos.
¿Y al ICFES quién lo examina? Al menos debería tener la decencia de revisar las pruebas antes de aplicarlas y no después, como lo ha reconocido públicamente y por escrito.