A partir del año 2002, el oficio docente quedó regulado por dos estatutos de profesionalización, que de manera insólita funcionan en paralelo, aquí, en el país del Sagrado Corazón, donde todo es posible. El primero de estos estatutos es conocido como el 2277, aludiendo al número del decreto que lo reglamenta y que orienta el servicio educativo para las personas que se vincularon al Magisterio antes del año 2003. El segundo, el 1278, lo hace para aquellos docentes que ingresan al servicio educativo estatal a partir del mismo año.
El primero, el 2277, creado en 1979, está hecho para los profesores que, justamente, gozan de un régimen especial, recientemente amenazado por el gobierno nacional, pero que el Consejo de Estado acaba de ratificar: ellos pueden ascender en su escalafón periódicamente por tiempo de servicio y por mejoramiento académico, pensionarse y recibir salario de manera conjunta hasta su edad de retiro forzoso, etc.
Pero el segundo, el 1278, en contraste con el anterior, hace que los docentes, luego de sufrir un concurso diseñado por la CNSC, tengan que pasar por un periodo de prueba que dura un año lectivo y su ascenso en el escalafón, cada tres años, dependerá de la aprobación de un examen realizado por el ICFES donde deberán obtener 80 puntos o más y esperar que exista disponibilidad presupuestal, eso sí sus evaluaciones anuales de desempeño, realizadas por los directivos docentes, han sido superadas, porque de lo contrario podrían hasta ser excluidos del servicio.
El funcionamiento paralelo de dos estatutos para una misma profesión, al parecer, es una clarísima violación del Derecho a la Igualdad consagrado en nuestra Constitución Política, que las altas Cortes han dejado pasar inadvertido, quién sabe por qué razones y bajo qué directrices, pero que Andrés Pastrana como el Presidente de entonces y Kiko Lloreda como su Ministro de Educación lograron imponer sin obtener en su momento una oposición que lo impidiera. ¿Será esta una de las razones por las que Lloreda no ha podido ser Alcalde de Cali?
VOCES DE PROTESTA
Siete largos años después de promulgado el Decreto 1278 de 2002, las voces de protesta acalladas por la división a la que fue sometido el Magisterio colombiano, con la imposición de un segundo estatuto, comienzan a aparecer con fuerza en el escenario nacional, a través de ideas y proyectos.
La primera de estas ideas, lanzada por la Federación Colombiana de Educadores, FECODE, consiste en la creación de un ESTATUTO ÚNICO, donde todos los docentes, antiguos y nuevos, tengan igual tratamiento en torno a sus derechos, deberes, obligaciones, ingreso al servicio educativo, permanencia, retiro y que cobije también a los educadores del Sector Privado.
La segunda de estas ideas se ha convertido ya en un PROYECTO DE LEY cuyo ponente, el Senador Jorge Guevara ha radicado en el Senado de la República el 29 de Julio anterior y que beneficia a todos los docentes del 1278. En él se establece el ascenso por mejoramiento académico y por tiempo de servicio, eliminando de esta manera la maquiavélica idea de hacerlo a través de una prueba escrita casi imposible de aprobar.
Aunque a la opinión pública nacional poco o nada pudiera interesarle un Estatuto Único o un proyecto de mejoramiento para los docentes del 1278, el tema sí es de vital importancia para el país por lo que representa la Educación como uno de sus aspectos prioritarios y fundamentales, donde está en juego la formación de la nación que todos soñamos. Por tanto, esperamos que se haga justicia con un gremio que sí merece toda la atención, porque trabaja permanentemente en procura de sacar adelante el futuro del género humano.