La
Institución Educativa Nueva Granada, aunque usted no lo crea, queda en Cartago. Sí, en Cartago, y no en el Quindío, como preguntara días atrás una conocida mía, que tuvo que pasar la vergüenza de enterarse de que esta institución es una de las 12 oficiales que funcionan en Cartago.
No la conocen porque cuando hay desfiles de colegios, con sus bandas marciales y uniformes de gala, marchando por el centro de la ciudad, en el parque de Bolívar, sus estudiantes, siempre ausentes de estos eventos, no pueden desplazarse desde las montañas cartagüeñas, donde quedan ubicadas 8 de sus 10 sedes. ¿Montañas cartagüeñas? Sí, montañas cartagüeñas, desde donde puede divisarse, hacia el occidente, la majestuosidad del Valle del Cauca, mirarse “desde el cielo” a Zaragoza y desde una “Buena Vista” el casco urbano del municipio y, hacia el oriente, tocar con la mirada la cercanía del Quindío y del Risaralda, para apreciar luego, y como en un pesebre navideño, al Río de la Vieja - ansioso por llegar a la ciudad- y a los municipios de Quimbaya, Alcalá y Armenia, acompañados en instantes despejados, del alto de La Línea y del que se llamara en la Colonia, el Volcán de Cartago, más conocido como el Nevado del Ruiz.
Las dos sedes restantes, enclavadas en el plan como si estuviesen perdidas en medio de cañaduzales y a la orilla del gran Río Cauca, son por excelencia vallecaucanas: al llegar allí, la presencia de la caña de azúcar da la sensación de estar más hacia el sur del departamento: pero esto también es Cartago.
Por tanto, la desconocida Institución Educativa Nueva Granada, como ninguna otra, representa, inmersa en lo rural, nuestro hibridismo cultural, de montañas paisas y de planicies vallecaucanas, en algo que, con toda sencillez y grandeza, sólo puede definirse como cartagüeño.
En las 10 sedes de la Institución trabajan 21 profesores, 1 rector y 1 secretaria que deben desplazarse a diario hasta sus lugares de trabajo, en motocicletas, porque en la mayoría de los casos, los automóviles tienen dificultades para llegar allí y, por ello, el transporte público es escaso y se realiza gracias a los “turnos” (camperos de escaso espacio pero de enorme capacidad de carga y de pasajeros, conocidos como Willys). Ellos, los docentes, atienden alrededor de 450 estudiantes que van de transición al grado 9º, entre los cinco y quince años de edad y a los adultos que estudian los sábados bajo la modalidad de CLEIS, todos ellos repletos de carencias y necesidades, que ven día a día cómo se transforma el campo de una otrora prosperidad a lo que hoy es.
Las condiciones de la Nueva Granada contrastan con las de otras instituciones educativas oficiales y privadas siendo esta, sin temor a equívocos, la que más trabaja en Gestión comunitaria, donde los habitantes de las diferentes veredas y corregimientos, los inspectores de policía rural y las juntas de acción comunal, hacen parte activa de la misma, para garantizar entre todos la continuidad del servicio educativo, el mejoramiento de las instalaciones y el bienestar estudiantil, siendo considerada cada escuela como una piedra preciosa, donde la educación, a diferencia de otras “latitudes” sí se valora como tal.
Durante años la Nueva Granada estuvo al garete. Sólo en esta administración municipal y gracias a la colaboración de Coprocenva, Anestecoop y Cotecnova, entre otras entidades y personas, se ha visto un mejoramiento integral de las condiciones de la Institución, que ha recibido la dotación de uniformes y kit escolares para sus estudiantes, de nuevos pupitres para los mismos y la construcción de aulas, además de otros aspectos.
Pero este artículo tiene como intención el servir de homenaje a todos esos cartagüeños de tierras frías y cálidas que estudian en la Nueva Granada, a los que viven en los alrededores de cada una de sus sedes y, especialmente, al equipo de trabajo institucional, que en heroísmo anónimo, educa a la población rural del municipio en edad escolar, bajo las modalidades de Escuela Nueva y Posprimaria Rural, atendiendo varios grados en un mismo salón de clases, haciendo de la labor docente una verdadera Obra de Arte. Ellos son: En el Corregimiento de Piedras de Moler: Alberto Ospina, Rector; Mónica Noreña, Secretaria; las docentes: Luz Marina Quintero, Luz Estela García y Martha Osorio. En el Corregimiento de Coloradas: Diana Jobana Tovar, Élkin Darío Flórez y Juan Alberto Valencia. En la Vereda El Guayabo: Arlesio Román. Vereda Buena Vista: María Eugenia Henao; Corregimiento de Modín: Martha Burbano, Gabriel Monal, Jairo Alonso Álvarez y Carmen Rosa Patiño; Vereda Chara: Diana Rivas y Gloria Bejarano; Vereda Oriente: Francy Rodríguez y Ligia Estella Gómez; Vereda Perejil: Amanda Rojas; Vereda El Guanábano: Francisca Libia Pérez y en el Corregimiento de Cauca: Paula y Adriana Bonilla.
A todos ellos un reconocimiento por su labor, esa que como cualidad, no pueden medir los concursos de la CNSC.