Cierto día un compañero mío, profesor de Religión de uno de los colegios de Cartago, le dio por explicar el tema de la Santísima Trinidad ante un auditorio de 40 estudiantes del grado 11: “La Trinidad está definida como tres personas distintas y un solo Dios verdadero”, dijo. Para él, sin lugar a dudas, se convirtió en la clase más complicada de administrar, porque con sus palabras logró, sin calcularlo previamente, dividir el grupo de alumnos entre quienes le dieron la razón, los que se opusieron a la misma y los que manifestaron no importarles el asunto.
El profesor de Religión jamás imaginó encontrar personas que fueran capaces de refutar la explicación de la Trinidad, porque, si bien es cierto que para la mayoría representaba “tres personas distintas y un solo Dios verdadero”, para otros (pentecostales unitarios) representaba “un solo Dios con tres manifestaciones diferentes” y para otros tantos “no existe la Trinidad. Sólo un Dios padre; su hijo Jesús y el Espíritu Santo que es la fuerza activa de Dios” para los Testigos de Jehová.
Y muchos se preguntarán el porqué de esta situación. La respuesta es simple: La Clase de Religión es la más difícil de administrar si no se planifica de acuerdo a unos intereses comunes pretendiendo realizar, a veces sin intención, proselitismo religioso a favor de una iglesia determinada, que en el caso del ejemplo de mi compañero, resultó ser para la Iglesia Católica.
Así, la clase de Religión parecería condenada a desaparecer o a fusionarse con la de Ética, como algunas instituciones ya lo hacen y de manera sabia, con el propósito de no atropellar a sus estudiantes, que en medio de la libertad religiosa y de cultos, tienen el derecho constitucional de creer en los dogmas que a ellos les parezcan.
Además y a continuación señalaré cinco de las múltiples razones que dificultan la enseñanza de esta asignatura:
Primera: El enseñar sobre el “destino futuro” o “destino eterno” en una sociedad que se mide por la inmediatez, por el aquí y el ahora, por las ansias de poder, de lo material y del dinero.
Segunda: La huella que deja impresa el dogmatismo religioso en cualquier tipo de confesión, que impide el diálogo abierto y sincero sobre el conocimiento, situación esta que en cualquier otro campo del saber es posible realizar.
Tercera: La motivación del docente cuando esta se presenta por encima de los resultados que se pretenden alcanzar o, cuando los mismos no han sido discernidos en pro del beneficio común y del mejoramiento de la sociedad.
Cuarta: El mal ejemplo de algunos representantes religiosos, que en medio de su intolerancia aprovechan los púlpitos para atacar los cultos ajenos, predicando de paso la veracidad del que se profesa como si se hubiese comprado a una multinacional la franquicia de la fe. Esto, sin duda, se termina viendo reflejado en las familias y en la escuela e influye en la postura de los estudiantes con relación a la Clase de Religión. Olvidan todos ellos, eso sí, aquellas palabras del Maestro: “En esto conocerán que sois mis discípulos: en que os améis los unos a los otros…” ¿Quiénes entonces son discípulos suyos?
Quinta: Con todo lo anterior terminamos en medio de la intolerancia y del agnosticismo, factores estos que convirtieron la Región -expresada como Área Fundamental en la Ley General de la Educación- en una “costura”, una materia sin importancia, que no se debe exigir, que no se puede imponer y que, por lo tanto, tampoco se puede perder…
En los Estados Unidos, por ejemplo, la Clase de Religión está completamente prohibida, llegándose a un extremo en el que Colombia no debe caer, pero que para evitarlo necesita transformar esta asignatura en algo completamente diferente. Para ello es necesario, primero, ceder la enseñanza de los dogmatismos religiosos a las diferentes iglesias. El dogma como tal deberá ser erradicado de los colegios: esta es la única manera de no lacerar las creencias de los estudiantes, que como seres humanos merecen ser respetados, y segundo, la motivación del docente y de las instituciones educativas en torno a los resultados que debe generar la Clase de Religión, deberán estar encaminados a la pretensión de tener una sociedad mejor cada día. Con este criterio deberá elaborarse el Plan de Área de Religión incluyendo temáticas que sean comunes a todas las confesiones religiosas cristianas: las enseñanzas de Jesús en torno a valores como el amor al prójimo, el amor a los enemigos, la tolerancia, etc., hermosamente dibujadas, muchas de ellas a través de las parábolas, por ejemplo, y fomentando paralelamente a la teoría una práctica social de las mismas, que demuestren resultados y aportes institucionales a la sociedad, al inmediato plazo.
Si esto se hiciera así, de seguro y como consecuencia, la espiritualidad de los estudiantes mejoraría, la convivencia al interior de las instituciones cambiaría y, en el futuro tendríamos formada una Colombia con una conciencia social más grande, viviendo en un país mejor y cuyos habitantes tendrían, en su mayoría, una seguridad sobre su destino futuro.