Hace cuatro años, uno de mis estudiantes presentó un trabajo escrito sobre el
Popol Vuh, del que aseguraba había dedicado todo el fin de semana a realizar. La investigación presentada por él estaba perfectamente bien diagramada, argumentada, poseía citas bibliográficas, referencias, tablas estadísticas y comentarios interesantísimos. Con base en esto, y después de hacer una reseña pública frente a sus compañeras del grado noveno, exigió su “Excelente”.
Como profesor estuve de acuerdo con el alumno sobre todas las bondades del texto presentado… lamentablemente tuve que decirle que el fin de semana que había dedicado a construir su trabajo a mí me había costado nueve meses realizarlo; que el documento era mía y no suyo; que yo mismo lo había publicado en Internet y que correspondía a mi trabajo de grado de la Licenciatura y que, por supuesto su labor era un plagio cuya calificación debería ser un “Deficiente”, situación esta, que lejos de ser aceptada con humildad por el educando, provocó su enojo y los reclamos airados de sus padres ante lo que calificaron como “tremenda injusticia”.
El fin de semana anterior, en la universidad donde laboro, uno de mis estudiantes presentó un ensayo que, lamentablemente, no reunía los requisitos señalados para la construcción de este tipo de textos. Al enterarse de esto y, frente a todos sus compañeros, consideró la situación como “injusta” y, en tono amenazante dijo: “esto ya no me está gustando”. En la noche, al revisar de nuevo su escrito, para calificarlo, me encontré con la sorpresa que había sido plagiado de un documento publicado en el Internet: así, el 2.0 inicial se convirtió en un merecidísimo 0.0
Antes de continuar, quiero aclarar, que de ninguna manera utilizo este espacio de opinión para realizar señalamientos personales y que, por encima de todo soy respetuoso del “Buen Nombre”, a pesar de que estas acciones fraudulentas realizadas por algunos estudiantes atentan contra el mismo. Más bien pretendo crear conciencia de lo que significa “Plagio”, que a juicio de la Real Academia Española de la Lengua es la “acción y efecto de plagiar”, es decir, “copiar en lo sustancial obras ajenas dándolas como propias”. Así, un estudiante que hace esto, no es el autor de una obra sino un “plagiario”.
Pero el Plagio, sin duda, ha ganado terreno en la Escuela, al punto que los estudiantes, consciente o inconscientemente lo consideran como Obra Académica, estando completamente equivocados con relación a esto, ya que sin dudarlo, es un tipo de robo, que como tal la humanidad ha repudiado y castigado por ser, definitivamente, una conducta deshonesta, que se ha incrementado debido al enorme y creciente desarrollo tecnológico que pone a disposición de los estudiantes, un universo de información y de conocimiento en cada computador.
Wikipedia califica el robo como “un delito contra el patrimonio consistente en el apoderamiento de bienes ajenos, con intención de lucrarse…” y el plagio como “una infracción del derecho de autor sobre una obra de cualquier tipo, que se produce mediante la copia de la misma, sin autorización de la persona que la creó o que es su dueña o posee los derechos de dicha obra, y su presentación como obra original. Por lo tanto, el plagio posee dos características: La copia ilegítima de una obra protegida por derechos de autor y la presentación de la copia como obra original propia. Es decir, una persona comete plagio cuando copia o imita algo que no le pertenece haciéndose pasar por el autor de ello. Dicha acción, al estar protegida la obra legalmente por el derecho de autor, podría conllevar un juicio y una posible imposición de multas y la obligación de indemnizar los daños y perjuicios”.
La Universidad Sergio Arboleda, en su portal de internet, dedica una página a este tema, titulándolo: “Creatividad: Plagio no detectado”. En ese sitio se menciona al poeta latino Marcial, quien reclama haber sido plagiado por Fidentino, de la siguiente manera: “Corre el rumor, Fidentino, de que recitas en público mis versos, como si fueras tú su autor. Si quieres que pasen por míos, te los mando gratis. Si quieres que los tengan por tuyos, cómpralos, para que dejen de pertenecerme.”
Por su parte, el blog “Educación y Pedablogía para el siglo XXI” hace referencia a que «… recientemente José Christian Páez acusó a Raúl Zurita de haber plagiado en su obra “Purgatorio” un poema de Bob Dylan, las versiones son las siguientes:
Escribió Zurita:
“Podría ayudarme -le dije- tengo unos amigos afuera, márchate de aquí -me contestó- antes de que te eche a patadas, vamos -le observé- Ud. sabe que también rechazaron a Jesús.
Tú no eres Él -me respondió- ándate o te rompo la crisma.
Yo no soy tu padre”
Y ya había dicho el talentoso Dylan:
“Dije: ¿Podrías ayudarme?, tengo unos amigos afuera.
El hombre dijo: Sal de acá o te haré pedazos.
Dije: Sabes, también rechazaron a Jesús.
Él dijo: tú no eres Él, vete antes de que te rompa los huesos.
No soy tu papá.”»
El plagio es entonces una constante labor de fraude académico que, extendida en la sociedad, ha invadido otras esferas como la música, por ejemplo, donde Michael Jackson, según el portal adnmundo.com, “es el que encabeza la lista: ya tiene nueve acusaciones por apropiarse de música ajena…”
Para finalizar, lo seguro es que los plagios a nivel académico entre los estudiantes cartagüeños se sigan presentando. Depende ahora de, nosotros, los docentes, en primer lugar, el sensibilizar a nuestros estudiantes sobre los perjuicios que representa la práctica del plagio mal entendido como obra académica y, en segundo lugar, el de adquirir las herramientas tecnológicas y las competencias necesarias para detectarlo.