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CARTAGO, Norte del Valle
Domingo, Julio 29 de 2012 - 12:13 a.m
Niño o joven + padre alcahuete = hijo irresponsable
Algunos plantean que niños y jóvenes son el futuro, realmente son el presente y como tal hay que entenderlo para reconstruir ese deteriorado asomo del pasado llamado juventud que hoy tiene en el limbo la seguridad de ellos y de la sociedad en general.

Abimael Marín Mejía
Algunos plantean que niños y jóvenes son el futuro, realmente son el presente y como tal hay que entenderlo para reconstruir ese deteriorado asomo del pasado llamado juventud que hoy tiene en el limbo la seguridad de ellos y de la sociedad en general; por eso ¡Papás! Mientras ellos, vivan en nuestras casas y dependan de nosotros, es su obligación acatar las normas y reglas del hogar y sólo cuando tengan la posibilidad de subsistir por ellos mismos; quiere decir que ya son capaces y colocaran sus propias reglas, mientras tanto. ¡Mandamos nosotros!

Para la recuperación de niños y jóvenes, no gobierna la democracia, nadie hace campaña electoral para ser padre o madre; nuestros hijos no votan para elegir quién es su papá o su mamá. Somos padres e hijos por voluntad y premio de Dios y aceptamos con amor dicho privilegio, pero al aceptarlo adquirimos una obligación con la sociedad y con ellos y para eso la orientación bajo el imperio de la moral, los valores y las sanas costumbres; deben ser el horizonte.

No somos parces, panas, ni llaves; nuestras edades son diferentes. Compartimos muchas cosas pero somos los padres de nuestros hijos y eso posee una significación distinta y especial, porque un padre es mucho más que un parcero, un bacán, pana o amigo. Cierto es que somos amigos, pero estamos en niveles distintos. Mientras conservemos la voluntad de las mínimas normas de crianza y vivan con nosotros bajo el mismo techo y bajo el influjo de la moral y los valores; en nuestras casas deben hacer lo que como padres pensando en su bienestar, dispongamos.

No debemos permitir cuestionamientos de ningún tipo, todo lo que hacemos debe estar motivado por el amor y el sueño por verlos grandes, pulcros, cristalinos, sanos, respetuosos, buenos, productivos. Ellos lo entenderán, el día que tengan un hijo. Mientras tanto están en la obligación de confiar en nosotros y acatar nuestras decisiones.

No es posible criarlos con los modelos del pasado. Sí, con la misma rigurosidad. Nuestros abuelos ejercían la autoridad y cuando sentían que la perdían, aparecía el poder que su responsabilidad les otorgaba. Hoy las fuentes de seducción son otras y por eso, la forma de ser papás; debe ser distinta. La internet, la televisión y la tecnología mal aprovechada son las niñeras más cómodas y baratas pero las más peligrosas. La marihuana, el licor, quitarse la ropa y desnudar la moral es simple y cotidiano.

¡Sólo nosotros tenemos la responsabilidad de cuidarlos! ¿Por qué culpar al estado o a los profesores de la responsabilidad nuestra?
Mientras discutimos ¿Por qué bares venden alcohol a menores? ¿Por qué agentes de tránsito reciben sobornos de menores? ¿Por qué no cierran bares y discotecas a la hora señalada si están llenos de niños y jóvenes?

¡Por qué mejor no nos respondemos! ¿Dónde están los padres del menor que tomó más de la cuenta? ¿Quién lo recibe en casa a esas horas y en ese estado? ¿Quién le dio el dinero para entrar al concierto o al bar? ¿Quién sacó el dinero para el alcohol y para el soborno? ¿Por qué le dieron carro o moto a un menor? ¿Qué están pensando cuando la niña 15 ó 16 años se fue de PILLAMADA con alguien que no conoce? ¿Por qué le entregamos la responsabilidad de decidir en manos de quién ponen su vida si todavía ni siquiera han sido responsables o capaces de fritarse un huevo o lavar sus calzones? ¿Por qué irse a dormir después de la discoteca o el cine a casa de una amiga o amigo? ¿Por qué queremos creer que son maduros y responsables si nosotros mismos no lo estamos siendo?

La respuesta: Nos volvemos ciegos a los peligros y por comodidad nos hacemos los “Bacanes, los buena gente, los chéveres, los alcahuetas” con la tonta y cómoda excusa “es que yo sí confío en mis hijos”.

¿No será miedo o flojera de actuar como padres? Nuestros hijos necesitan padres valientes y responsables, no amigos alcahuetes. ¿De qué tenemos miedo? ¿Por qué no ponemos reglas? ¿Por qué no exigir que se cumplan? ¿Por qué abandonarlos en busca de nuestras propias comodidades?...
Si los jóvenes no necesitaran guía, límites, ni autoridad a quién respetar… no sería importante la existencia de “los padres”.

Nuestra misión: Hacerlos libres, responsables y enseñarlos a volar por su propia cuenta, es a nosotros a quien se nos pedirá cuentas por ellos; no al dueño del bar, ni a su amigo que iba conduciendo borracho cuando se chocaron a 180 Km/h, ni al policía, ni al maestro...¡A nadie más!

¿Hasta cuándo?

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sandra  ::  Miércoles, Agosto 01 de 2012 - 8:34 p.m
2
esta nota invita a reflexionar acerca de nuestra mision como padres, es preocupante que en la actualidad se le echa la culpa a todos de las malas actuaciones de los niños y jovenes, cuando somos nosotros los padres que desde pequeños debemos infundir disciplina y valores; si esperamos a que crezcan y entren en la temida adolescencia para ver los resultados, ya no habra nada que hacer, felicitaciones abimael, y el no solo predica, la verdad que tambien aplica, como debe ser
Heimdall  ::  Lunes, Julio 30 de 2012 - 1:40 a.m
1
Son tantas cosas señor Marín, son tantas...

La madre dejó de ser madre porque cuando le llega ese momento aun es una niña. No es diferente para el padre...bueno, el que en estas circunstancias se queda con su hijo.

La abuela no es abuela, es madre. Una madre cansada, ignorante de las nuevas "seducciones" -de las que usted habla- y abrumada por el cambio radical que, para ella, ha tenido el mundo.

El niño no es niño. Es un modelo de adolescente enano, vestido como adulto, aun más tonto he imperfecto en su inexperiencia, educado por adolescentes ausentes, padres telefónicos radicados en España o abuelos abrumados.

El adolescente no es adolescente, por lo menos el término es ofensivo para ellos, son seudo-adultos sin recursos, inteligencia ni madurez alguna, pues jamás hubo el tiempo o el padre comprometido para adquirirla y salen a la calle a manejar el mundo con un énfasis nocturno y sexual de desempeño estúpido y caótico.

Y el sistema educativo no llega a los nuevos padres o acudientes, además de estar conformado por docentes anacrónicos, perdidos en su nostálgica manera de educar, reacios y temerosos de los artilugios tecnológicos y en sus ojos no pueden ocultar la impotencia de verse ineficaces -con o sin conciencia- en una sociedad que simplemente no tiene reacción alguna ante su cavernaria cátedra. (Se salvan unos poquiticos).

La impotencia es de todos. Pero algo tenemos que tratar de hacer.
 
[Circulo de Periodistas de Cartago]   [Lualma]